domingo, 14 de febrero de 2016
Al fin, cuando se encendió la luz verde pude pasar, empezaba a sentirme cada vez más cerca de abrazar esa sensación única que te llena de los pies a la cabeza, de asentarte, de llegar a casa, de poder cerrar la puerta tras de ti y despojarte de los tacones, el vestido, la peluca, el sujetador y la braga… una sensación que no es completa y real hasta que no te lavas la cara, limpias el maquillaje, y te ves desnuda ante el espejo…
Desnuda en cuerpo y alma, sin el encorsetamiento del sostén, que da igual lo caro que sea, ni Victoria's Secret, ni Oysho, ni Selene, sin la opresión de la braga y su faja, sin la duda de si se caerá la peluca… solamente tú frente al espejo, midiendo menos de metro setenta, pesando más de setenta kilos, delgada, sin nada de barriga, ni de pecho, a penas se parecen tus tetas del espejo a las de una preadolescente de diez años. Las miras de perfil, las miras de frente, su forma cónica, turgente, la tersura de su piel blanca, fina y delicada… ¡y timbran!
Corriendo me echo un albornoz del hotel encima, lo cruzo bien por delante, ato el nudo y me echo una toalla a la cabeza. Se parece al turbante de una dama de Saba que no llega a reina, pero al menos no me desvela ante el personal del servicio de habitaciones que trae la cena.
Una jarra de gazpacho andaluz suave y ración doble de berenjena rellena de menestra de verduras, de postre un abanico tropical de fruta a la vista y un batido de soja con sabor a vainilla. Una cena libre de maltrato animal, vegetariana al cien por cien.
Y se va, al fin, la camarera… o por desgracia… porque de buenorra que estaba la hubieras invitado a formar parte de la cena, lamiendo su piel de los pies a la cabeza sin despojarle de la ropa antes, si no durante, para acabar las dos desnudas… ella como vino al mundo (pero más crecidita) y tú como te ha dejado la medicina…
La cena no se va a enfriar, de hecho es para tomar fría, de modo que regresas al baño y la bañera ya está llena de agua tibia, espuma de colores y olores variados cubre la superficie y varios frascos de aceites y sales de baño rodean la bañera. Vuelves a mirar al espejo, dejas que se deslice el albornoz de algodón orgánico africano con certificación de cultivo ecosostenible y cae encima del vestido de lino crudo de Tommy Hilfinger… lo retiras para que no se arrugue mucho y lo dejas colgado de una percha.
Te miras al espejo, eres una mujer trans en pleno tratamiento de reemplazo hormonal, sin a penas resultado en la adecuación de tus caracteres secundarios, la Meriestra no ha podido hacer nada con ese mentón cuadrado, el cuello corto y ancho, la nuez, el ancho de tus hombros, la musculatura de tus deltoides y biceps, la robusted de tus antebrazos y esos serratos flanqueando tus pechos… te sientes ridícula, bella y radiante vestida, pero una bestia parda desnuda… tu cintura estrecha, tu vientre plano, son lo más femenino que has logrado. Un hermoso ombligo que lucir cuando llevas un crop-top de Inditex… pero la cadera no termina de anchear, los muslos son de futbolista o atleta, pero no son para nada unos muslos femeninos… salvo porque son tuyos y eres una mujer de los pies a la cabeza, principalmente en tu cerebro y en el DNI… pero esas rodillas y esas piernas de ciclista son un calvario cuando te pones faldas y vestidos cortos.
Al fin me sumerjo en la bañera y cierro los ojos, acariciando con mis suaves manos la piel aterciopelada de mis piernas y mis muslos, sin mirarlas, sintiéndolas solamente, dejando que esas mismas manos, con cuidado de no hacerme daño con las largas uñas pintadas y esculpidas, deslizando una en un sentido, la otra en otro, estimulando mis pezones aniñados, acariciándome sin pudor mi mermado e inerte pene… pensando en Rocío, la camarera morena de pelo corto y ojos amarillos, como la miel al sol… ¡y timbran!
Sales de la bañera hecha una furia, sin ponerte nada, caminando desnuda, mojada, dejando huellas de espuma en la moqueta y miras quién es… ¡es Rocío, la camarera!
lunes, 8 de febrero de 2016
« No sé bien a qué altura de la noche fue, en mis sueños, pero el caso es que me encontré jugando un partido en el pabellón del Colegio Calasancias… era un partido "normal" sin expectación mediática, donde la afición era la habitual, poca, y entre esa afición había una jugadora de voleibol de un equipo gallego que me felicitó al acabar un partido y nos pusimos a hablar… y hablando nos dieron las mil, hasta que era hora de dormir. Y la invité… sin que hiciera falta explicar nada, el sueño era tan perfecto que hasta en su visión de la asexualidad era perfecta.
Dormimos juntas, abrazadas y despertamos felices y con ganas de repetir mil noches más…
¡Qué bonito es soñar!
Pero volviendo al sueño… es decir, siguiendo con él, sí que fue precioso, y no te lo he contado en profundidad, de modo que voy a hacerlo, porque lo fue en cada detalle… y se merece que lo cuente como fue.
Se trataba de una jugadora de voleibol de otro equipo que me seguía por Twitter (ya tengo unas cuantas seguidoras de esas) y que se había enfrentado a mi equipo y a mí con anterioridad, pero no se había atrevido a decirme nada en esas ocasiones previas. Entonces fue hasta el siguiente partido a verme desde la grada… y al terminar yo fui a la grada a saludar a gente, momento que aprovechó para saludarme y felicitarme.
Y nos miramos en silencio, sus ojos eran de un color marrón claro, con reflejos amarillos traslúcidos como la miel cuando le da el sol, llevaba el pelo suelto, no llegaba a ser largo, a duras penas le cubría las orejas, le bordeaba la mandíbula y le acariciaba el cuello, pero no era corto como el mío, y el flequillo le cubría mitad del rostro de medio lado… eso fue suficiente para entendernos.
Ella esperó a que yo fuera al vestuario y saliera duchada y vestida de calle, de modo que al ir a la grada de nuevo ella seguía allí esperando y viendo otro partido de otros equipos.
Algunos fines de semana se organizan partidos a varias horas seguidas y en los torneos de verano hay clasificaciones por las mañanas, semifinales o cuartos por la tarde… y la semifinal o la final al día siguiente. De modo que era uno de esos fines de semana de verano y hacía calor.
Nos sentamos en la grada juntas, ella se puso a mi izquierda, llevaba una bermuda de cuadros de muchos colores, de una de esas marcas vinculadas al surf principalmente, y una camiseta sin mangas que dejaban sus hombros al descubierto. Hablamos de voleibol, de técnica, de táctica, de juego, de equipos… y hablamos de Twitter, de nuestra relación virtual, de nuestros "like" y "retuits" y de los mensajes privados que ya nos habíamos escrito, hablamos de lo que no publicamos por ser políticamente correctas… hablamos de nuestra vida más allá de eso, de las redes sociales y del voleibol, hablamos de viajes, de lugares, de aspiraciones y deseos personales…
Extrajo su smartphone de una bandolera de loneta blanca y azul, de la misma marca que las bermudas, me mostró fotos de sus viajes, de lugares y personas interesantes e importantes para ella. Luego me cedió el turno y me reí… saqué de mi bolso mi teléfono con una mueca de inutilidad, mi móvil es un Nokia de 1999, con dos prestaciones básicas; llamar y recibir llamadas. Se rió y guardamos los teléfonos.
Hablamos, hablamos y hablamos… mucho… y comimos juntas una ensalada y unas piezas de fruta. Nos reímos, disfrutamos, nos tocamos sin a penas querer, con la escusa de secar esas gotas de jugo de las peras que corren rebeldes por la barbilla cuando las muerdes. Bromeamos con los plátanos y reímos.
Y la jornada se hizo breve, corta, aunque hubiera sido larga… qué te puedo decir… cuando estás a gusto el tiempo vuela y esas ocho horas en verdad parecieron ser "un ratito" pero vaya ratito…
Y claro, llegó la hora de irnos, fuimos a pasear por la ciudad, a cenar una pizza, a disfrutar de la playa vacía, etc.
Entonces llegó la hora de despedirnos, caminábamos ya, consciente o inconscientemente en dirección al aparcamiento del coche. Dónde quedaba ya que hubiésemos hablado de Twitter y de esas mil referencias a mi asexualidad… sin embargo no fue necesario retomarlas, ni mencionarlas, ni recordarlas, ni nada… ese momento en el que se debía ir conduciendo a su pueblo, tarde, se veía venir desde hacía horas y las dos lo habíamos estado retrasando.
Entonces la invité a quedarse a la final del día siguiente… como si para ello no hiciera falta dormir, ni pasar por mi casa, ni compartir el baño y prestarle uno de mis pijamas… sólo le dije;
- ¡Quédate a la final de mañana!
Era "hoy" por la hora que era pero daba igual en ese momento… ninguna iba a protestar por dormir pocas horas.
Me miró en silencio, me hizo dudar, pensé que diría que no, de hecho, pero me posó las manos en las mejillas y besó mi frente. Aceptando con un sencillo "Vale!" y terminamos en silencio el corto paseo que quedaba hasta el coche, mirándonos y sonriendo.
Usamos el coche para llegar a casa y subimos a dormir.
Le dije lo típico, cuando dices de broma;
- Pasa y siéntete como en mi casa…
Le dejé usar mi baño, le presté un pijama, de dos piezas, un short de cuadraditos naranjas y rosas y una camiseta de tirantes con una nube bordada en medio del pecho y varias zetas de colores naranja y rosa revoloteando alrededor. Y me puse el mío, blanco, con pececitos y burbujas estampadas en la parte de arriba y un pecezote grandote en el culo, eran pecer rojos.
Quiso que habláramos pero le dije que estaba cansada y la abracé desde la espalda. Y dormimos…
Despertamos abrazadas, con su cara en mi pecho, su pelo suelto y revuelto.
Nos miramos y sonreímos felices, fue lo mejor (quizá) del sueño… ese despertar y mirarnos en silencio.
Sintiendo un irrefrenable impulso de decir; Te quiero.
Y sólo nos miramos, acariciándonos las mejillas, yo las suyas y ella las mías. Con sus codos en mis pechos, en silencio, sin saber qué hacer… consultando con los astros si era el momento de besarnos.
Y ella cerró los ojos, sin moverse, de modo que me acerqué yo, entendiendo que era una aprobación…
Y aún así, con la nariz en contacto con la suya, le dije que me apetecía besarla, sé que lo sabía y que estaba esperando que lo hiciese, pero me quedé esperando una respuesta;
- Lo sé (dijo) y estoy deseosa de hacerlo, de que me beses…
Y nos besamos.
Ese fue el culmen del sueño…
Nos besamos, nos abrazamos, nos miramos, nos dijimos cosas en silencio… y nos levantamos para ir a la final.»
lunes, 8 de septiembre de 2014
Una señora de mentalidad antigua y religiosa, con su rosario cada día y viendo la misa en TVE…
Un 5 de septiembre de 2014, 9 años después, me encuentro con la siguiente situación:
Mi abuela le dice a mi novia que quiere que le escriba en un papel su nombre y apellidos. Según ella para saber su nombre porque se le olvidaba. Pero, como olía un poco a pescado podrido, se lo comenté a mi madre. Y ahí fue cuando la sospecha se confirmó, aunque tengo que aclarar que, sinceramente, por mi parte no esperaba algo así. Ingenuidad pura.
Resulta que mi abuela lo que quería era ir a una mujer para que alejar a mi novia de mí, mediante brujería. Y, para mi sorpresa, mi madre me dijo que me callara, que ya hablaría ella con mi abuela.
Primero quedé perpleja, pero luego una rabia empezó a recorrerme por dentro. Me dije a mí misma que iba a gritarlo a los cuatro vientos. No por dar la nota, sino por cuestión de dignidad.
DIGNIDAD, señoras y señores. ¿Cuántas veces hemos pisoteado nosotrxs mismxs nuestra dignidad tapando u ocultando situaciones así? La mayoría de los casos se callan. Es doloroso.
Todo esto mientras mi madre me contaba cómo mi vecina había dado una paliza a su hija y la había echado de casa por estar con otra chica.
Después criticad a las organizaciones lgtb ¿vale? O, como otrxs dicen, el lobby gay. Después decid que hay igualdad. Perdonad lo vulgar y fuera de tono que seré pero… ¡UN COJÓN DE BURRO PARA VOSOTROS!
Fuente de la imagen
martes, 1 de julio de 2014
"Muérdeme"
Recuerdo la última vez, quizás la primera, la de ayer o la de hoy por la mañana, ya no lo sé, mis sentidos están nublados, te deseo... tanto que tengo un regalo para ti... si, un regalo especial, es algo que te esperará en la cama esta noche.. mi cuerpo, yo, entera y para ti... He comprado algo para ti, unos simples pañuelos de seda, unas velas y un poco de chocolate líquido...
Te esperaré desnuda, no tendré frío, por el contrario, mi cuerpo quema. Iluminaré el dormitorio con las velas, sé que te gusta verme. Pondré los pañuelos cerca de mi cuerpo, me gusta sentir el tacto de la seda sobre mi piel, o sobre mis muñecas... ¿El chocolate? Recuerda, soy tu regalo, puedo ser tu postre nocturno.
Solo te pediré algo a cambio, que me beses primero, despacio... te pediré que recorras mi boca con tu lengua, te pediré que mientras, acaricies mis pechos con tus manos suaves y expertas, te pediré que te subas encima de mi para sentir tus pezones rozando los mios, tu humedad mezclarse con la mia... Te pediré que me arañes, que entres en mí solo como tu sabes hacerlo... te pediré que me abraces y te pediré que me muerdas. Por favor, muérdeme.
Eres capaz de llevarme a donde nadie me ha llevado nunca, eres capaz de hacerme correr una y otra vez, deseo que esta noche lo hagas, veré como te puedo corresponder
A cambio te daré todo lo que quieras... comienzan nuestras sesenta y nueve sombras... en pasado, en presente o en tercera persona, quien sabe.. ¿me acompañas en esta aventura? ¿me darás lo que te pido?
viernes, 28 de febrero de 2014
Y si alguien me entendiera
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Hoy simplemente me he callado, como siempre he llorado y al final del desahogo de mis lágrimas me he dado cuenta que no me interesa lo mas mínimo el que dirán. Que amar no es pecado por más quieran ignorar, soy persona, no alguien a quien crucificar. Que la vida es muy hermosa, un derecho, una oportunidad de sentir lo más bello y no voy a despreciarla por más que se empeñen que interprete su guión.
miércoles, 1 de mayo de 2013
Comienzo esta pagina pensando, “es hora de empezar con unas letras el camino que quiero que marque mi vida”. El camino de ser escritora, de escribir utilizando todas las letras imaginadas, imaginables o inventadas para logar comunicar aquello que quieres decir. Es una senda ardua, llena de sinónimos y antónimos, de sintaxis y de gramática, de sonidos y fonemas que son su representación escrita.Pero es un camino muy bonito también.
Para mí, la mejor fecha para empezar algo, suele ser un día redondo. Un día que empiece algo, como los lunes, los primeros en la semana. O el día uno de cada mes. O los días en los que hay un solsticio en donde una estación cambia a otra. Antiguamente un solsticio era un momento de magia, de sorpresas, de hechizos y encantamientos. Era una noche especial donde el sol y la luna se conjugaban para marcar el inicio de una nueva temporada o época en el ciclo de la vida. La primavera es la vida, el verano la alegría, el otoño la melancolía y el invierno la muerte.
Y los días 1º de cada mes comparten algo de esa magia. Ya que el proceso es el mismo, se cambia de un mes a otro, se inicia otros 30 días de tu vida… Así que por eso, la madrugada del 30 de abril, me senté frente al teclado para iniciar en esta fecha un nuevo proyecto, el de iniciarme en el camino del escribiente, y paso a paso, ir juntando las palabras para formarme como tal.
Decidí empezar con un diario, pero al rato rechace la idea. Al iniciar algo, los sabios aconsejan hacerlo paulatinamente, ir acostumbrándonos a la acción para que llegado un momento la sintamos como propia. Entonces se me ocurrió escribir semanalmente. Intente buscarle un nombre, y surgió el de diario semanal. Muchos libros empiezan con el consabido “querido diario” pero... ¿y si no voy a escribir a diario?, ¿Qué hago? Pues decir “buenos días, querido semanal”, me contesto a mí misma. Buenos días, querido semanal. Semanal, semanario, esta palabra suena muy rara, suena a un periódico. No me convencía, sonaba muy extraño a mis oídos. Busque otra palabra que me sonara más familiar, y encontré un término en ingles que me parecío bastante adecuado; weekly. Significa “algo que se hace una vez a la semana”. Justo lo que yo quería, escribir una vez a la semana, sobre cosas que me habían pasado, o que había pensado o sentido a lo largo de esos 7 días. . .Al ponerle un nombre familiar a algo que nos suena desconocido, lo adoptamos como nuestro y así podemos sentirnos cómodos con ello.
Entonces, hoy me encuentro a punto de narrar un relato, en el que se entrelazaran miles de situaciones, historias, cuentos, pensamientos no solo sobre mi vida, sino también sobre personas o cosas que giren en torno a ella. Y se sabe que la mejor manera de empezar algo es con un saludo, asi pues… Buenos noches, weekly.
Normalmente al empezar a narrar una vida se empieza por los progenitores, por la ciudad donde vives, describir el entorno ,las personas cercanas, el lugar de nacimiento, y demás datos personales ¿no? Pues como sé que nadie leerá esto, voy a omitir algunas cosas para ahorrar esfuerzos, porque yo ya sé que mis padres son extranjeros, que tengo muchos hermanos, que vengo de una familia muy religiosa, y que en mis diecinueve años de vida tengo historias para llenar 2 o tres libros. Y también sé... que soy lesbiana.
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