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lunes, 8 de septiembre de 2014

On 16:23 by El Andamio de Enfrente in , , , , ,    2 comments
rituales, velas
Recuerdo que cuando tenía 15 años, mi abuela me advirtió sobre una chica con la que solía pasar las tardes, Carmen. Dijo: “ten cuidado con esa niña que es una de esas machorras drogadictas a las que les gustan las mujeres.” Y yo pensé: mejor me callo, abuela...
Una señora de mentalidad antigua y religiosa, con su rosario cada día y viendo la misa en TVE…

Un 5 de septiembre de 2014, 9 años después, me encuentro con la siguiente situación:

Mi abuela le dice a mi novia que quiere que le escriba en un papel su nombre y apellidos. Según ella para saber su nombre porque se le olvidaba. Pero, como olía un poco a pescado podrido, se lo comenté a mi madre. Y ahí fue cuando la sospecha se confirmó, aunque tengo que aclarar que, sinceramente, por mi parte no esperaba algo así. Ingenuidad pura.

Resulta que mi abuela lo que quería era ir a una mujer para que alejar a mi novia de mí, mediante brujería. Y, para mi sorpresa, mi madre me dijo que me callara, que ya hablaría ella con mi abuela.

Primero quedé perpleja, pero luego una rabia empezó a recorrerme por dentro. Me dije a mí misma que iba a gritarlo a los cuatro vientos. No por dar la nota, sino por cuestión de dignidad.

DIGNIDAD, señoras y señores. ¿Cuántas veces hemos pisoteado nosotrxs mismxs nuestra dignidad tapando u ocultando situaciones así? La mayoría de los casos se callan. Es doloroso.

Todo esto mientras mi madre me contaba cómo mi vecina había dado una paliza a su hija y la había echado de casa por estar con otra chica.

Después criticad a las organizaciones lgtb ¿vale? O, como otrxs dicen, el lobby gay. Después decid que hay igualdad. Perdonad lo vulgar y fuera de tono que seré pero… ¡UN COJÓN DE BURRO PARA VOSOTROS!

Fuente de la imagen

domingo, 31 de agosto de 2014

Estos días hemos tenido el blog de "El Andamio de Enfrente" algo parado, pero es que muchas de nosotras estamos de vacaciones. Así que os voy a dejar un relato que alguna de vosotras ya conoceréis pero que nunca publiqué en esta comunidad. Se titula corriendo a la meta.

Tus curvas me llevarán a la perdición. 

Recorro tu cuerpo con mis manos como si tu fueses un lienzo y yo la artista que lo cubre con su pincel húmedo, dibujando formas que recorren tu piel, buscando un único objetivo: tu placer. 

Saboreo tu cuerpo como si fueses el plato más sabroso que jamás nadie haya degustado jamás. Mi lengua recorre lentamente las gotas de humedad que de ti surgen descubriendo el dulce néctar que brota de tus firmes senos, acercándome de nuevo con mis manos y mi boca a la meta deseada.

Tiemblo contigo cada vez que me rozas con las yemas de tus dedos. El tacto de las sábanas de raso acarician mi espalda sensibilizando mi piel todavía más, mientras tus piernas se enlazan a las mías formando un lazo que ninguna de las dos desea deshacer. La humedad embarga el colchón y la tenue luz de la habitación convierte los dorados reflejos de tu cabello en destellos que se escapan entre mis manos con cada movimiento de tus caderas.

Muerdo tu cuello suavemente intentando llevarme algo de ti, la pasión me embriaga pero quizás siga buscando el tesoro que llevo buscando parte de la noche. Acaricias mi espalda y bajas las manos hasta debajo de mi cintura. Mi lengua busca la tuya, mientras mis manos se abren camino entre tus muslos. La meta se acerca. Y en nuestra carrera enlazada ya no pensamos, solo sentimos. Nuestros corazones comienzan a latir al unisono y nuestras piernas se entreabren permitiendo que las yemas de nuestros dedos comiencen a acariciar el botón más escondido de nuestro cuerpo. Resbaló con mi mano por la puerta del cielo en la tierra, tu cuerpo, que en agradecimiento a mis caricias se abre y me permite llegar a tu interior. Suspiras, gimes, me llevas a la locura.

Muerdo la almohada, ya no puedo mas. Encajamos irremediablemente acompasando nuestros movimientos en nuestra desenfrenada carrera, nuestros cuerpos tiemblan, los corazones se aceleran, los flujos se entremezclan. Apenas puedo besarte ya. Espasmos de placer invaden mi cuerpo, tan solo puedo jadear.

Cruzamos la meta por fin, corriendo aceleradamente para no dejar nada atrás. Agotadas caemos en nuestro lecho. Lo hemos conseguido, hemos ganado el oro en nuestras olimpiadas particulares. ¿Preparada para la siguiente carrera?

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