Escúchas Radio Andamio

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viernes, 17 de junio de 2016

On 11:13 by Helena Sabaté in ,    No comments
Hace unos meses nuestra andamiera y colaboradora del blog Antía Trans se convertia en la primera  deportista transexual federada en una disciplina olímpica,exactamente en voleibol con el equipo Padre Faustino Calasancias,esta noticia corrió como la polvora por los medios de comunicacion y fueron varios los que quisieron entrevistar a nuestra colaboradora para conocer su opinion,hoy os dejamos aqui el ultimo de ellos el programa "Ponte A Prueba" de Europa FM.
http://www.europafm.com/programas/ponte-a-prueba/audios-podcast/antia-la-primera-transexual-en-el-panorama-olimpico-espanol_20160614575fef016584a81dafab19a6.html

viernes, 10 de junio de 2016

On 11:01 by Helena Sabaté in ,    No comments
Cap-15 
Estaba cansada, con la camiseta sucia, grafiteada con lamparones negros, el sudor hacía que se me pegase a la espalda al agacharme y cuando me ponía de pie sentía en la zona lumbar el frescor del airecillo de la calle que acariciaba directamente mi piel desnuda… Pero con las manos ocupadas no podía estirarme la camiseta y debía dejar que el aire acariciase impune mitad de mi espalda. La luz de las farolas iluminaba la acera metros antes del portal…
Cuando empezó el día no creí que la noche me pillase todavía así, subiendo cajas por las escaleras…
Después de un largo y cálido verano al fin tocaba volver a la rutina, se respiraba ya un cierto ambiente de escolaridad en las calles, pese a que todavía quedaban afortunadas que se pasaban las tardes en la playa fluvial, en un verano que estaba a semanas de despedirse y dar paso al otoño. Los días se notaban más cortos y esas largas tardes interminables ya no lo eran tanto. De modo que me tocaba adelantar los paseos y las carreras por el paseo junto al Miño.
En menos de dos semanas me esperaban un nuevo instituto, un nuevo equipo de voleibol y esta ciudad a la que me he mudado.

Este mini capitulo es el final de temporada de "Hay una luz en el baño" despues del verano volvera la continuacion de este relato con una muy interesante 2ª temporada,hasta entonces feliz verano.

viernes, 3 de junio de 2016

On 10:58 by Helena Sabaté in ,    No comments


Cap-14 Are you ready for this?                                                                                          

Salí a la calle a correr con un Mp4 que había dejado Luz en la mesa de centro del salón, me puse mis auriculares y le di al “Play” a ver... comencé a correr despacio, esperando que sonase algo, y tardó en empezar a sonar. La primera pista musical fue “Get ready for this!” de 2Unlimited y me vino bien para ir apretando el ritmo y centrarme en correr y respirar.

Corrí durante algo menos de media hora, desde mi casa hasta el paseo marítimo, mi idea era llegar a la Playa del Crepúsculo y darme la vuelta. Primero recorrí la mitad de la Avenida de la Felicidad, hasta la Glorieta de la Tolerancia, bajé por toda la Ronda de la Armonía, llegué hasta la Ronda de Educación, que rodea Ciudad Escolar, y en la Plaza de las Gaviotas empecé a recorrer el paseo marítimo de Riazor, Orzán, Surfistas y Crepúsculo. Pero iba tan enfrascada en la música, toda tan apropiada, digna de una sesión de entrenamiento duro, que me pasé la Playa del Crepúsculo y seguí, pasé el Aquarium Finisterrae y el CIFP Ánxel Casal. Tampoco entonces paré, estaba llegando ya a la Ciudad Deportiva de la Torre cuando una canción se cortó a medias y empezó un silencio con ruidos e interferencias.

Una voz femenina, que luego me di cuenta que era la de Luz, decía... voy a probar, ahora, a ver si conectando estos auriculares del teléfono al chisme este puedo grabar mi voz, porque esto tiene un botón de grabar.

Paré, no pude seguir corriendo... quise centrarme en escuchar lo que decía Luz.

- He estado pensando muchas noches cómo hacer esto, desde que empezamos a conocernos, desde la segunda noche, la verdad es que no sé el momento exacto en el que empecé a pensarlo. Este verano no voy a competir, quiero tomarme un lapso de tiempo, quiero centrarme en construir una relación entre nosotras. Tú no lo sabes pero yo sentí un flechazo enorme cuando te conocí en la prensa. Me pareciste la persona más maravillosa del mundo y como decían en la Voz de Galicia que... y sé que esto no te va a gustar, no estabas operada... pensé automáticamente, sin pararme a pensar en nada más, ni en el tratamiento, ni en ninguna otra cosa, porque la verdad es que yo de transexualidad creo que no había oído hablar en mi vida. Pensé en que podías ser la madre que andaba buscando para tener un hijo. Ya te dije que mi madre insiste mucho en que le dé un hijo y, sinceramente, leí en tus entrevistas que querías ser madre. En Público.es dijiste cosas muy bonitas a cerca de lo que les dirías a tus hijos, aunque no los gestaras. Y yo puedo gestar, bueno, eso creo... no estoy segura de nada, la verdad. Porque, claro, primero tendría que hablar con mi familia, con mi madre, no creo que se lo diga a nadie más, pero es que hasta que encuentre las palabras adecuadas para decírselo a ella, no sé el tiempo que pasará. Yo estoy muy feliz y no quiero dejar pasar más tiempo, sinceramente, creo que estábamos predestinadas a encontrarnos y ahora que estamos juntas sería absurdo dejar pasar más tiempo. No se me ocurre ni una sola causa, razón o motivo para dudar de lo que hay entre nosotras... de modo que he estado pensando en escribirte una carta, pero todavía no tengo claro qué te voy a escribir, sabes que hablar no me importe, pero escribir no se me da nada bien. Y yo no me atrevo a hablarte de esto cuando me estás mirando. Lo he intentado cuando duermes y parece que te removieras en cuánto digo lo de que me fecundes para que yo sea la gestante. He probado varias veces y se supone que estabas dormida, aún así tienes reacciones extrañas. No sé... lo que yo no quiero es asustarte y que salgas corriendo. Que te parezca una idea alocada y descabellada, o peor aún, que se te ocurra que es un motivo para que dejemos de estar juntas. Supongo que una vez dicho sería muy difícil que lo ignorases si no estuvieras de acuerdo. Yo no he dicho nada a mi entrenador, de momento sigo entrenando a tope, pero ya he boicoteado mi inscripción en el torneo de verano, y de cara a la siguiente temporada deportiva he consultado en la compañía de seguros de la federación, como si fuera algo que tuviera que ver con mi trabajo, y retirarían la cobertura deportiva en caso de embarazo, tal como me imaginaba. Pero mi empresa me ofrece más horas de trabajo durante los primeros meses y estabilidad para después del parto, con toda clase de facilidades para reducción de jornada y permisos de maternidad y lactancia. Pero no puedo hacerlo sola, no sin ti, mi niña. Te quiero mucho y te necesito. No sabes cuánto.
(Continuará...)

viernes, 27 de mayo de 2016

On 10:30 by Helena Sabaté in ,    No comments


Cap-13 La oferta del súper...                                                                                              

Helena me dijo: “...esperaba poder llamarte… de hecho hoy tengo 1h libre entre el turno de mañana y el de tarde. Y mañana estoy de mañana y salgo a las 15h. Si te parece bien quedar, con que estés en la puerta, a las 15h, hoy o mañana, ya hablamos.”

¿Realmente qué iba a hacer, acaso tenía que pensarlo, era real mi duda, qué me estaba pasando? ¿Qué estaba pasando por mi cabeza, y en mi corazón?

No sé qué era lo más absurdo, estar pensando en aceptar la oferta que me había hecho en el súper la cajera, o que hiciera más tiempo que Helena estaba en mi vida. Y sin embargo Luz había eclipsado totalmente su recuerdo y su atractivo en estas semanas que llevábamos juntas, desde carnavales hasta Primavera. Es más, la había oído hablar por teléfono con su madre de sus planes para Semana Santa, iba a viajar con sus padres, y me dijo que quería invitarme a que yo fuese al mismo sitio por separado y que pudiéramos encontrarnos a escondidas.

Si me paro a pensarlo, la verdad, no tiene sentido alguno que exista alguna duda, con Helena nunca iba a haber el mismo entendimiento que con Luz. Pero nunca me ha gustado descartar un reto sin haberlo intentado, nunca he descartado un piso sin haber ido a verlo, nunca he comprado un coche sin haberlo probado, pero ahora no estábamos hablando de nada que se pudiera asemejar a estas cosas. Los ejemplos estos no me servían de nada. En ese momento me di cuenta de algo, yo nunca había sido “novia” de alguien... hasta esa fecha mis relaciones nunca habían sido sinceras como esta. Qué sentido podía tener comparar aquellos años en los que yo luchaba por ser “el novio perfecto” de unas chicas que aspiraban a estar con un chico, pero estaban con una chica transexual. No, la verdad, ninguna de aquellas experiencias tenía parangón, no digo que no tuvieran valor, eran válidas como experiencias, eran vivencias que no iba a borrar y de las que no renegaba, pero tampoco tenía nada que ver todo aquello con toda mi vida actual. No...

Luz era, después de Sofía, la mujer más importante de mi vida. ¿Qué importancia iba a concederle a Helena? Aún así yo quería ir a la cita de las 15h. de mañana. Pero no sabía exactamente a qué, porque ya no tenía sentido, es decir, no mucho, la verdad. Nunca había soñado con Helena, ni tan siquiera antes de conocer a Luz, y con Luz dormía casi todas las noches, y cuando no dormíamos juntas mis sueños eran siempre con ella. En sueños confieso que incluso llegábamos a mantener relaciones sexuales, eran sueños muy intensos, en los que he llegado a sudar y a despertarme sorprendida del elevado contenido erótico del mismo.

La sola duda me hacía sentir la culpabilidad de quien ha delinquido, algo así como si fueras culpable sólo por haberlo planificado. Era una sensación horrible. No sabía cómo salir de aquella tesitura, la vela iluminando la camiseta de Óscar Sierra esta vez no me inspiraba nada, era como si sus efectos tuvieran sólo que ver con el deporte. Cuando reflexiono sobre temas deportivos, esta camiseta siempre me inspira una solución y resuelvo la duda en muy breve espacio de tiempo. Pero en temas emocionales se ve que no me iba a inspirar por medio del primer deportista transexual...

Soplé sobre la vela y dejé que la oscuridad volviera a llenar el baño, era agobiante sentirme sin luz en el baño. ¿Sin luz, o sin Luz?

Recogí todo, volví a colgar el marco en la habitación de invitados y dejé el casco en la estantería del salón. Salí a la calle a correr con un Mp4 que había dejado Luz en la mesa de centro del salón, me puse mis auriculares y le di al “Play” a ver... comencé a correr despacio, esperando que sonase algo, y tardó en empezar a sonar. La primera pista musical fue “Get ready for this!” de 2Unlimited y me vino bien para ir apretando el ritmo y centrarme en correr y respirar.
(Continuará...)


viernes, 20 de mayo de 2016

On 12:07 by Helena Sabaté in ,    No comments
Cap-12 En el baño, sola y a oscuras...


Esa noche fue la fiesta, conocí a Luz, de modo que prácticamente me olvidé de Helena. Pobre muchacha, menudita, delgada, morena, de rizos y melena corta, con manos finitas, pequeñas y delicadas, aunque a la vez rudas, curtidas de trabajar y mover cajas y carros, de andar con precintos que lo mismo había que quitarlos, que ponerlos, o recogerlos del suelo y hacer una bola tras desprecintar medio centenar de cajas. Tenía unos brazos delicados y velludos, que me atrajeron tanto cuando la conocí como sus ojos, marrones. Era bella, pese a ser la antítesis de una tía buenorra, o de la misma Luz. Era interesante y misteriosa, despertando un enorme sentimiento de atracción en mí… y deseaba de verdad conocerla más y averiguar miles de cosas sobre ella.


Pasó cierto tiempo antes de que nos volviéramos a cruzar, ella estaba reponiendo tarros de legumbres cocidas y yo pasaba de haber cogido un bocadillo de tomate, cebolla y lechuga.

Me limité a decirle;

- Hola, Helena!

Y seguí mi camino, disimulando el hecho de haberle mirado descaradamente el culo mientras se agachaba para reponer más tarros de garbanzos.

Detrás de mí sólo escuché "Hola" y nada más, de modo que seguí, pagué y ya me estaba yendo cuando oigo su voz, diciendo;

- Perdona un segundo, pue…

Me giré a mirarla y le dije, interrumpiéndole;

- Dime, Helenita… y ahí me di cuenta de que, quizá, me había tomado una confianza excesiva que no debía.

- ¿Puedo hacerte una pregunta? Susurró, cerca de mí, sin dejar a penas espacio vital entre las dos. Y asentí para que siguiera.

- ¿Aún esperas que te llame, quiero decir, que he dejado pasar tanto tiempo y hace tanto tiempo que no te veía por aquí, que igual crees que ya no te iba a llamar, no?

Sonreí y no dije nada… y ella siguió;

- Es que igual te parece mal pero perdí el teléfono, el papel donde lo anoté… y estaba esperando verte un día que hubiera poca gente, o algo, para decírtelo. Que sí, que le he dado muchas vueltas, lo he pensado mucho, lo siento, pero al final esperaba poder llamarte… de hecho hoy tengo 1h libre entre el turno de mañana y el de tarde. Y mañana estoy de mañana y salgo a las 15h. Si te parece bien quedar, con que estés en la puerta, a las 15h, hoy o mañana, ya hablamos.


Y se empezó a distanciar despacio y sin dejar de mirarme. Yo no dije nada, asentí con la cabeza, en silencio, giré la cabeza para mirar la puerta y el entorno, y empecé a desplazarme de lado hacia la puerta, mirándola a ella, a Helena.


Entonces las puertas de cristal se deslizaron para abrirse y fue cuando me giré y ella también…


Cuando llegué a casa miré aquí y allá, en la cocina ya sabía lo que había, una alacena con comida, en el salón, en una estantería, lucía el casco de fútbol americano que Luz había usado para venir a conocerme a mi fiesta. En el cuarto de invitados estaba la camiseta de fútbol americano enmarcada, Luz me la había regalado por mi cumpleaños, era un marco enorme, la camiseta estaba rodeada por un mosaico de fotos de Óscar Sierra y su apellido estampado en la espalda le hacía honores. Me puse el casco y descolgué el marco, me fui con ellos al baño y me encerré a oscuras, sentada en el suelo, sola. Hasta que decidí encender una vela aromática, a mí siempre me han apasionado las velas; mis preferidas son las de Baumé, las que hace Esteban en Ribeira, el mismo del Jabón del Camino. De modo que abrí la última caja que estaba todavía sin estrenar y con la vela iluminando el marco de la camiseta de Sierra y conmigo sentada enfrente, dando cabezazos con el casco en la toalla que había colgada en el toallero me puse a reflexionar.


¿Realmente qué iba a hacer, acaso tenía que pensarlo, era real mi duda, qué me estaba pasando? ¿Qué estaba pasando por mi cabeza, y en mi corazón?

(Continuará...)

viernes, 13 de mayo de 2016

On 11:04 by Helena Sabaté in ,    No comments

Cap-11 ¿Para ir al súper hay que tener Valor, o no?                                                         


A todo esto, el día que conocí a Luz, al mediodía, después de haber comprado todo lo necesario para la fiesta en el mismo supermercado, resulta que quedaban sólo unas horas para la fiesta y ocurrió esto, que pasé por delante del supermercado que hay en la Plaza De La Paz, donde trabaja una cajera que se llama Helena... a la cuál conozco desde ¿Navidades? creo que desde esa época, o antes... y siempre habíamos tenido una especie de tonteo, algo raro, como si fluyese mucho humor y muy buen rollito (más del normal) pero tampoco voy a exagerar, no vaya sea que me dé un tortazo padre...

A lo que íbamos... pasé por delante y miré hacia el interior, entonces vi que estaba ella cobrando en la caja rápida... pero seguí hacia mi casa, pensando para mis adentros cómo me molaría no tener Valor en casa, o tener valor a decirle algo más, a darle mi teléfono, o algo... no sé... quizá pasar de las indirectas sutiles a directas más evidentes.


Y cuando había llegado a la esquina y seguía pensado en ello me dije a mí misma:

- Yo tengo valor para hacerlo... ¿por qué no iba a tenerlo?


Pues nada, si no es por una cosa es por otra, o porque sí... pero me di media vuelta, entré, fui directamente a la cola para pasar por su caja, esperé los turnos que me tocaba y puse mi teléfono sobre la zona de cobro... evidentemente lo miró, al teléfono, y luego me miró a mí y no recuerdo si llegó a decirme algo, o sólo puso cara de interrogante... pero yo le dije:

- Quería darte mi teléfono... por si un día me quieres llamar...


Entonces sí me ha preguntado “¿Y eso?” a lo cual le contesté:

- Porque cuando nos vemos aquí siempre estás trabajando y no me haces caso y, cuando podrías hacerme caso, que es cuando no estás trabajando, no te veo... de modo que esto es lo que se me ha ocurrido.


Y dijo:

- Entonces mejor es que lo anote aquí... sacó papel de la caja, un bolígrafo y tras poner mi nombre me miró esperando el número...


Se lo di y me alejé... y mientras me alejaba, me dio las gracias con un grito a media voz, que hizo que la gente presente se quedase flipando... Yo también salí a la calle bastante flipada, sorprendida de dos cosas. Mi valor, acababa de hacer algo impensable minutos antes, y su reacción, mucho más positiva de lo que pensé que iba a ser. ¿Se habría sentido de verdad piropeada, o quizá acosada? Lo que sí había hecho, aparentemente, era aceptar el juego.


Ahora, me tocaba esperar...


Esa noche fue la fiesta, conocí a Luz, de modo que prácticamente me olvidé de Helena. Pobre muchacha, menudita, delgada, morena, de rizos y melena corta, con manos finitas, pequeñas y delicadas, aunque a la vez rudas, curtidas de trabajar y mover cajas y carros, de andar con precintos que lo mismo había que quitarlos, que ponerlos, o recogerlos del suelo y hacer una bola tras desprecintar medio centenar de cajas. Tenía unos brazos delicados y velludos, que me atrajeron tanto cuando la conocí como sus ojos, marrones. Era bella, pese a ser la antítesis de una tía buenorra, o de la misma Luz. Era interesante y misteriosa, despertando un enorme sentimiento de atracción en mí… y deseaba de verdad conocerla más y averiguar miles de cosas sobre ella.


Luz eclipsó todo aquello esa misma noche, de modo que pasó el tiempo y se puede decir que no me volví a acordar de Helena más. Incluso volví a ir al súper a comprar mis tabletas de chocolate Valor, al vivir en la Avenida de la Felicidad me quedaba cerca la Plaza de la Paz pero algo, lo que fuese, había hecho que no coincidiéramos. Mi compra antes de la fiesta había sido cuantiosa y debía durar algo más de un mes cuando la calculé, de modo que al llegar Luz y comer tantas veces otras cosas, mi alacena no se vaciaba al ritmo previsto.

(Continuará...)


viernes, 6 de mayo de 2016

On 9:46 by Helena Sabaté in ,    No comments

Cap-10 Y la luz se me apagó…                                                                                 


Días después le regalé un pijama, le había asignado unas sábanas y había complementos alimenticios para deportistas de alto rendimiento en un estante de una alacena de mi cocina. Luz pasaba conmigo todo el tiempo que podía, aunque no fuera mucho, pero el resto del tiempo nos teníamos presentes por medio de mensajes en el móvil o el ordenador.


Sin darme cuenta había llegado un momento en el que Luz prácticamente se había instalado en mi apartamento… en la cocina había una alacena llena de comida y suplementos nutricionales para deportistas que ella llenaba y vaciaba casi al mismo ritmo.

Yo era feliz, la verdad, pero a veces me daba por pensar en mi independencia, mi libertad, mi soledad y mi intimidad. Todas estas cosas se habían evaporado al irse integrando ella en mi vida, y era genial, yo solía dormirme muchas noches en mi cama y me despertaba con ella abrazada a mí velando mi sueño, inmóvil y temerosa de caerse de la cama. Era mi cama individual y sus abrazos eran geniales, pero era "mi" cama y me sentía algo invadida.

A veces Luz llegaba temprano, cenábamos juntas y nos íbamos a dormir a la otra cama, que era más grande, donde la cosa ya cambiaba. No era mi cama, ni la de ella, y había espacio suficiente para las dos, podíamos elegir si dormir abrazadas o separadas, sin riesgo de caernos. E incluso era agradable a veces girar en medio de la noche, en pleno sueño, y encontrarse alguna extremidad de su cuerpo extendida en el colchón… era inconsciente pero lo normal era abrazarnos, seguir esa extremidad hasta encontrar el resto de su cuerpo desnudo entre las sábanas y sentir cómo ese encuentro casual se volvía una búsqueda mutua, por parte de ambas, acabando en un abrazo intenso e íntimo para seguir durmiendo sin ser conscientes, a penas, de haberlo hecho.


Ella siempre me decía que dormía mejor, más profundamente, cuando dormía conmigo… y que si yo me iba, que a veces lo hacía en medio de la noche, me despertaba y sigilosamente me levantaba de esa cama y me iba a la mía a terminar la noche, solía despertarse con frío y con sensación de haber dormido menos, o peor.

Luz era muy mimosa, era muy cariñosa, muy afectiva y se entregaba incansable a maratones de besos y caricias. Era todo muy casto, primaba sobre todo el respeto a mi asexualidad y, sinceramente, creo que ella se sintió cómoda en esa modalidad de relación. Porque cuánto más nos conocíamos y hablábamos, más evidente era que sus satisfacciones personales y físicas provenían del deporte, allí era donde se entregaba apasionadamente a sus entrenamientos y ejercicios, a sus competiciones y logros. Cada 50grs. más, eran una victoria, una alegría, su satisfacción más plena. Equiparable a sentir un orgasmo, por eso era que luego, tras el primer disgusto, nunca mostró interés alguno por explorar el sexo conmigo.


Habíamos acordado que dependiendo de si hacía frío, o no, dormiríamos con pijama o sin él, pero nunca totalmente desnudas. Y alguna vez, de esas veces que yo me iba a terminar la noche en mi cama, sola, había visto a Luz despertarse desnuda en la otra cama que compartíamos… si me daba tiempo a despertarme antes que ella me gustaba llevarle el desayuno a la cama, como hiciera ella la primera mañana que compartimos, tras conocernos al acabar mi fiesta de disfraces en Febrero. Y era entonces, al llevarle el desayuno, que me la encontraba sin pijama, ni ropa interior. Decía que era un acto de rebeldía, en respuesta a mi cambio de cama. Pero enseguida se ponía la ropa y el pijama y desayunábamos juntas… era un momento feliz, tierno y disfrutábamos de compartirlo cuantas veces podíamos. Habíamos sintonizado y poco a poco llegamos a sincronizarnos. Ni que decir tiene que había mañanas, muchas, que nos encontrábamos en el pasillo, yendo las dos a ver si la otra estaba durmiendo todavía. Y en ese caso desayunábamos en la cocina y hasta nos duchamos juntas alguna vez, por la mañana.


Nos queríamos, yo la quería mucho, creo que estaba enamorada de ella, y me sentía muy querida por ella. No faltaban besos, ni miradas, ni afecto, nada… y era todo fantástico. Pero a veces me daba por pensar, y hablaba con Sofía de estas dudas. Ella seguía siendo mi BAE, aunque nos viéramos menos, pero no por ello había distancia alguna entre nosotras, ni celos, nada… negativo no hubo nada, al contrario, encontrar y conocer a Luz había sido infinitamente positivo para todas.


Menos para Helena…

(Continuará...)


viernes, 29 de abril de 2016

On 10:26 by Helena Sabaté in ,    No comments

Cap-9                Quiero intentarlo...

Antes de terminar mi frase ella se incorporó, me miró a los ojos y dijo:
- Quiero intentarlo...

Temí dar el siguiente paso, era complicado acertar, lo fácil era errar y meter la pata. Pero aún así no salió mal. Decidí empezar por hablarle de cómo en la adolescencia conocí la palabra “lesbiana” y supe que yo era eso. No se trataba de una elección, a no ser que lo viésemos al revés, el lesbianismo me escogió a mí. Todas las demás orientaciones afectivo-sexuales se definen mediante una palabra compuesta de un prefijo y una raíz, homo+sexual, hetero+sexual, pan+sexual, demi-sexual, a+sexual... sólo las lesbianas se distinguen del resto al no incluir la raíz “sexual” en su denominación. Y yo de sexual tengo poco, soy una persona muy afectiva, creo profundamente en el amor romántico, incluso con todos sus tópicos. Pero el tránsito social había hecho que llegase a dudar, la idea de salir con chicos trans me rondó la cabeza (y el corazón) en más de una ocasión. Sin ir más lejos me había enamorado platónicamente de Óscar Sierra cuando lo vi en las notas de prensa que se publicaron sobre su permiso deportivo para jugar al Fútbol Americano en el equipo masculino.
No le conocía y me parecía un encanto, vale, hasta podía ser mi hijo, por la edad, pero le admiraba tanto, con tanta intensidad y emoción que (aunque suene grosera) me mearía en las bragas de la emoción si me lo presentaran.

Luz sonrió, me miró profundamente a los ojos y me dijo que lo sabía sólo de haberme leído en las entrevistas hablando de él, de su ejemplo, de su inspiración, completamente necesaria para dar mi paso hacia la integración deportiva. Se podía averiguar en el testimonio que publicó la Revista MiraLES en Octubre, anticipándose a la aparición de su noticia, y que sabiendo que lo escribiste en Agosto todavía tiene más peso. Ahí ya mencionas tus ganas y deseo de integrarte en un equipo de Voleibol, porque en el instituto pudiste entrenar pero sin jugar.
Es comprensible que lo de Óscar te motivase y te inspirase, pero tú ya tenías tu propio impulso y hormigueo dentro de ti, tía, de modo que estoy convencida de una cosa;

- Lo habrías hecho igualmente, incluso sin que Óscar lo hubiera hecho.

Y pasamos un par de horas abrazadas en el sofá hablando, nos besamos poco esa noche, nos contamos muchas cosas. Yo había sucumbido a la presión social y desde los 12 ó 13 años había mantenido varias relaciones con chicas a las que me gustaría haberme parecido, salvo en una cosa, que ellas querían estar con chicos, no eran lesbianas. Con el paso de los años, esas relaciones fracasaron una tras otra por la falta de interés e iniciativa hacia lo meramente sexual. Surgió la duda, pasado el tiempo, y probé a salir con algunos chicos durante casi cinco años de mi vida, no fueron muchos, tampoco duraron mucho, salvo dos, de modo que se demostró que realmente repudiaba a los chicos, sentía un recelo natural hacia ellos y hacia su deseo de estar con chicos. No era homofobia, porque yo también era parecida a ellos, pero sin duda recuerdo ocasiones en las que me sentía tan fuera de lugar que me comportaba como si quisiera agredirles, como si les odiase, pero sólo necesitaba alejarme yo de ellos, nada más.

Luz se durmió... la descalcé y la tapé con una manta. Me quedé a su lado mirándole y contemplando su estado de ausencia y confianza plena. Me pareció hermoso, bello, que existiera esa conexión tan fuerte e intensa, en tan poco tiempo, que permitía que ella hoy, la noche anterior yo misma, nos entregásemos a dormir de un modo tan plácido, tan profundo, estando en los brazos de la otra.

Yo no me atreví a intentar llevarla a la cama, y debido a mi lesión no me pude quedar en el sofá a dormir junto a ella, de modo que la velé hasta que pude y luego me despedí para irme a la cama. Sin querer la desperté, aunque me gustó hacerlo, ella me abrazó y enseguida se levantó y arrastró los pies por el suelo de madera hasta el dormitorio. Iba delante de mí, apoyándose en las paredes, yo la seguía con mis muletas. Se quitó el pantalón del chándal y se metió en la cama semidesnuda. Para seguir durmiendo, como si no hubiera sido consciente siquiera de haber caminado por sí misma.
Me recosté a su lado y me dormí yo también. Aunque antes comprobé que tenía su móvil apagado y le mandé un mensaje por WhatsApp para que lo leyera al despertar, o cuando lo encendiera.
(Continuará...)

viernes, 22 de abril de 2016

On 10:32 by Helena Sabaté in ,    1 comment
Hoy tenemos un capítulo especial de "Hay una luz en el baño" más largo que los anteriores y muy interesante...Disfrutadlo.


 
Cap-8 ¡Yo soy Julieta, y tú también... desterremos a Romeo!                                                 

Sofía se fue después de guardar mi ropa interior...
Y sin saber que era la misma que voló por el aire y por el suelo de la habitación esta noche pasada.

Sobre las 23:30h estuve cenando algunas cosas en la cocina y entonces me escribió un mensaje Luz.
"Salgo ahora del entrenamiento, voy para ahí, tengo muchas ganas de verte."

Usé la BlackBerry con celeridad para contestar que no timbrase, que se situase bajo mi ventana y le dejaba caer las llaves. Teníamos uno de esos porteros que anuncia que la puerta está abierta y hemos pedido que regulen el volumen pero todavía sigue estando muy alto, van a ponerle un relé para que por las noches suene menos, a la mitad. Y el timbre de arriba de mi casa asusta, el dueño me dijo que aceptaba traer otro pero tengo que ir a elegirlo al almacén. Si no puedo ir yo esta semana le diré a una amiga que hace reformas que vaya ella, que lo elija y que me traiga uno menos estridente, más hogareño, que invite a abrir. Ya se verá.

No tardó mucho en llegarme otro mensaje de Luz al WhatsApp:
"Ya estoy bajo tu ventana, o eso creo... Romeo"

Le contesté:
- ¡Yo soy Julieta, y tú también... desterremos a Romeo!

Y me desplacé hasta la ventana para pasarle las llaves. Desde esa perspectiva, mirando hacia arriba, con esa cara sonriente, brillante e iluminada me pareció realmente bella, hermosa, dulce... y supe que le lanzaría las llaves y lo que me pidiese, sin dudarlo.

- Hola guapa (me dijo) te he echado mucho de menos. (Mientras me besaba y me rodeaba con sus brazos.) No he dejado de pensar en ti todo el día... he estado a punto de volverme loca, dándole vueltas a cómo conseguía contactarte. He usado un teléfono de la oficina para llamar a tu director deportivo, así aunque somos de otra compañía de seguros igual cuela... de todas formas nadie sabrá que fui yo. Porque esas líneas resetean el historial de llamadas cada 12 horas. Estaba desesperada... (y entonces hundió su cabeza en mi pecho, forzándome a recostarme en el sofá contra el respaldo) espero que lo entiendas, perdóname...

Dejamos que pasaran unos minutos así, en silencio y me dijo tengo muchísima hambre, quiero comer algo ya... le dije que en la nevera había cosas. Me dijo que quería algo caliente y decidimos encargarlo a un sitio de los que en 10 minutos están en tu puerta con la comida caliente... yo les llamo bastante porque casi no tardan y tienen cosas vegetarianas...

Entonces, mientras comía a dos carrillos y me daba algunos trozos a mí, de su propia mano, me dijo que era la primera vez en su vida que se liaba con alguien. Que no había estado con nadie nunca y que siempre había puesto como escusa el deporte, que era una prioridad para ella y no le quedaba tiempo. Los chicos a veces le habían dicho que eso era porque era lesbiana pero lo había negado siempre porque su padre llevaba años amenazándole con que si se le ocurría ser una desviada de esas la retiraba de la competición. Es cierto que su padre ya era mayor y ella suficientemente independiente, pero su madre siempre ha estado diciendo que le daba igual hombre o mujer, novio o novia, siempre y cuando le diese un nieto.

- Por eso estaba histérica al mediodía con que no se lo contases a nadie. Sé que mi padre ya no puede quitarme de la competición, pero claro... empezó a decírmelo cuando era tan niña que me resulta imposible borrármelo de la cabeza, a veces pienso que le podría dar un infarto si se entera. Mi madre es más flexible, alguna vez que hablamos, yo haciéndome la loca diciendo que estaba centrada en mis objetivos deportivos, pero ella dice... que hay personas homosexuales normales y felices. En fin, no sabía qué hacer hasta que lo habláramos.

Y se volvió a recostar sobre mí, estirando las piernas y terminando de comer los trozos que le quedaban... y el último trozo intentó dármelo a mí, echando la cabeza hacia atrás, para verme la cara, y su dedo se quedó entre mis labios, para retener la comida dentro... y se lo besé, acomodando el trozo de comida a un lado, en un carrillo, y accediendo a su juego.
Nos besamos y reímos, todavía con comida en la boca... y ella casi se atraganta, pero se incorporó y volvimos a estar de frente. Me miró a los ojos y me dijo... ¿qué sientes, qué piensas?

Entonces pensé, miré un momento hacia la pared, al árbol que hay al lado de la puerta y del que "cuelga" un espejo, y respirando hondo empecé a decirle. ¿33 años? Cuando me dijiste a noche ese número fue el momento más mágico de toda la noche de ayer... Hace años que sueño con conocer y conectar con alguien algunos años menor que yo, no me preguntes por qué... Pero creía que la chica de 32, para 33, que yo espero encontrar no existe. Porque ella sólo existe en mis sueños, ella es como un personaje en un cuento inventado, ella no fuma, entiende mis motivos para sentir lo que siento por el alcohol y seguramente ya no fuese alguien de beber mucho, pero es alguien que no bebe nunca más, jamás... y, además, es asexual. A esa chica de mis cuentos yo le gusto vegetariana, le gusto activista, le gusto altruista y luchadora, le gusto tal cual, le gusto y atraigo desde siempre, desde el principio, y se desvive por construir una relación conmigo. Donde algunos de los pilares básicos son la comunicación, la confianza, la sinceridad y ella se abre a mí sincera desde el principio y sin necesidad de andarle detrás a preguntas. Es una chica a la que le gusta conducir, leer, ver películas, hacer deporte, montar en bici, nadar, hacer activismo por toda clase de derechos humanos, animales, civiles, sociales, por todo... es una chica fotogénica a la que le gusta la fotografía, le gusta posar y hacer fotos, le gusta viajar y dormir en un saco de dormir, que no necesita una cama de hotel y que no le importa caminar con una mochila durante 20 kilómetros. Pero no existe alguien así... una persona a la que mi apariencia le importe bien poco, que me acepte incluso con mis complejos y mis manías. Es complicado, Luz, de modo que ayer me gustó que pasase lo que pasó, pero no suelo tener muchas esperanzas de encontrar a alguien así. Lo más parecido que he encontrado en esta vida es mi BAE, Sofía, ella es muy especial, y aún así no es suficiente.

En ese momento me toma de las manos y me mira a los ojos, casi con lágrimas, y me dice:
- Tu BAE jamás tiene que dejar de ser tu BAE, y menos en tus circunstancias. A mí me gustaría empezar a apoyarte pero quizá no sea exactamente como la chica de 33 años que describes, sin embargo me parezco bastante. Sólo sé que nunca había pensado que las cosas serían así... ayer, cuando crucé la frontera de tu asexualidad me pasé tres pueblos. No tenía derecho a hacerlo, sabía lo que has expresado mil veces y mereces que te confiese una cosa. Yo ni siquiera me he masturbado una sola vez en mi vida. He estado tan centrada en el deporte que nunca le he prestado atención al sexo. Ni siquiera habría sabido qué hacer si no llegas a tratar de abofetearme (te repito que no me diste, de modo que olvídalo)...
Y una vez más nos besamos, con parsimonia, ternura y cariño.

- Pero cuando te vi en la televisión y en la prensa y leí tus entrevistas enseguida me sentí atraída por ti, si hubieras sido de otra ciudad me habría desplazado a conocerte. Lo hubiera hecho todo para descubrir si ese sentimiento que surgió al conocerte podía llegar a ser algo. O si yo me iba a quedar para levantar pesas y nadar kilómetros sola el resto de mis días.

Nos miramos... permanecimos en silencio mirándonos...
Ella cedió antes que yo, bajó la cabeza y fue a apoyarla en mi pecho, al tiempo que me abrazaba y yo me recostaba de nuevo. Se desplazó hacia arriba y se quedó recostada en la parte superior de mi torso, le besé la coronilla, su pelo olía a champú y estaba húmedo. Lo acaricié y le dije:
- ¿Entonces qué...?

Y antes de terminarlo se incorporó, me miró a los ojos y dijo "Quiero intentarlo"
(Continuará...)